Ese tema es… el hambre emocional. 

 

Es decir, ese hambre, que parece hambre pero que no lo es…El hambre emocional no nace de necesidades físicas (no hay realmente una necesidad real, de comer comida), sino de necesidades psicológicas-emocionales (aburrimiento, estrés, preocupación, soledad, como premio…)

 

La comida se convierte, en determinados momentos, en una compañera y aliada, más bien, en una “falsa amiga”.  En el fondo, está ahí porque quiere ayudarnos, ya que nos calma y evade, eso sí, a corto plazo.

 

Hay que aprender a gestionar nuestras emociones, a controlar y ese hambre emocional.

 

¿Te suena…?

  • Estoy aburrido y como para distraerme.
  • Estoy agobiado y me calmo comiendo.
  • Estoy preocupado y me evado comiendo.
  • Me siento solo y me consuelo con la comida.
  • He tenido un día malo y me recompenso o premio con la comida.
  • Llega el finde y me lo merezco, no tengo fin…

 

El alimento y las emociones tienen una relación muy estrecha.

 

Esa relación la tenemos asociada desde pequeños. Esa sensación de calma cuando comemos viene desde que éramos bebés. Cuando nacemos la mami nos arropa en sus brazos y nos da el pecho con ese dulzor de la leche materna.

 

La comida la identificamos con el cariño, con la madre, con el refugio, con el consuelo, con el abrazo, con el confort… y eso queda grabado en nuestro inconsciente desde que éramos bebés.

 

Es algo que traemos de serie, es algo casi normal, todos somos seres emocionales. El problema es cuando la comida se convierte en la única vía de escape para regular nuestras emociones para calmarlas.

 

¿Cómo gestionamos las emociones?

 

Cuando llegan esas emociones, lo importante, es no taparlas con la comida (o tabaco, o alcohol, o medicamentos… ). La comida usada así, es un parche que solo soluciona a corto plazo, y que no vale para nada, a medio y largo plazo. Utilizar la comida como calmante o anestesia, para llenar o tapar un vacío interior, es darles a esas emociones un uso improductivo.

 

La solución correcta y la que sirve a largo plazo, es ir al fondo, a la raíz del problema, para ver qué está pasando dentro de nosotros. Saber qué estamos sustituyendo, qué nos lleva y nos motiva a comer sin hambre física. ¿Qué necesitamos realmente?

 

Cuando sentimos ansiedad, estrés… son emociones frente a situaciones estresantes y de incertidumbre. Las emociones son una alarma, un mecanismo de adaptación, es una respuesta de supervivencia ante un peligro.

 

Es decir, son emociones adaptativas ante un peligro real. El cuerpo reacciona mediante la huida, el bloqueo o la lucha.

 

El problema es cuando no hay ese peligro, realmente y entonces, se convierte en una emoción desadaptativa. El peligro, en este caso, lo genera la mente, no hay un peligro real externo.

 

Saber gestionar nuestras emociones, para darles un uso adecuado y ecológico, es como llevar una cajita de herramientas.

 

Cuando esa emoción se presenta y aprendes a gestionarlas, aprendes a dar una respuesta adecuada y un uso adecuado. Porque te guste o no, somos seres emocionales y emociones tenemos cada día.

 

Tienes que aprender a calmar tu ansiedad-estrés-soledad-aburrimiento-tu premio … sin tener que acudir a la comida como vía de consuelo o escape.

 

Tienes que ir más allá, no tener miedo a sentir lo que sientas. Esa emoción está ahí para que la veas, escuches y hagas caso…El cambio es interior y se verá reflejado en tu peso y en tu cuerpo.

 

Si no gestionas ese “hambre emocional”, adecuadamente, el problema lo harás más grande, ya que te meterás en ese bucle cada vez más: descontrol, autoestima baja, ansiedad, kilos de más, culpabilidad, irritabilidad, mal humor y relación de amor- odio con la comida…

 

No te engañes, el comer emocionalmente solo te solucionará a corto plazo. No me cansaré de repetírtelo.

 

¿Y qué puedes hacer en esos momentos?

 

PASO 1. Lo primero de todo …PÁRATE ¡STOP!

 

Cuando llegue ese impulso de comer es importante centrarte en tu respiración y mantenerte 5-10 minutos sin acudir a la comida física. Escucha tu cuerpo. Si eres capaz de aguantar esos 5-10 minutos mientras respiras y conectas con tu cuerpo, es probable que desaparezca ese impulso por comer.

 

Pregúntate:

¿Es hambre física o quiero calmar el estado emocional en el que me encuentro? ¿Siento hambre física o tengo ganas de comer? Valora del 1 al 10 el nivel de hambre, si piensas que es hambre física.

 

Si te apetece una cosa en concreto, normalmente, insana… no es hambre física, es hambre emocional. La comida cumple en este caso una función calmante, anestesiante. Si es hambre física, come una fruta, un puñadito de frutos secos crudos, toma una infusión…algo saludable.

 

PASO 2. Identifica qué emoción y necesidad hay detrás.

 

Pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo en este momento y dónde? tristeza, enfado, estrés, ansiedad, aburrimiento…

 

El problema no es esa emoción en sí, ya que la emoción es una alarma que nos avisa de que algo no va bien en nuestro interior. El problema es el uso que hacemos de esa emoción. En nuestra incapacidad para regularla y darle una respuesta adecuada.

 

Pregúntate:

¿Para qué voy a comer? ¿Qué necesidad estoy tapando con la comida?

 

¿Como para calmarme, para distraerme, para recompensarme, para evadirme, para consolarme…? Trata de encontrar qué necesidad hay detrás, identifícala.

 

PASO 3. Elabora un plan B saludable, antes de lanzarte a comer.

 

Busca una estrategia diferente, más productiva, funcional… una estrategia sana (parches o tiritas saludables). Busca alternativas y opciones  para satisfacer esa necesidad de una manera saludable.

 

Por ejemplo: practica ejercicios de relajación, un masaje, un baño, escuchar música, hacer ejercicio físico, leer, escribir, dibujar, bailar, llamar a una amiga, un paseo, sacar a tu perro, jugar con tus hijos, hobbies, dibujar mandalas…

 

Y si ves que es algo que se te repite y no resuelves por ti sola, busca una ayuda profesional.

 

Cambia el hábito de comer emocionalmente por lo que realmente estás necesitando.

 

Te puede ayudar:

1.Llevar un diario o un registro de emociones. Dónde vayas apuntando cada día cómo te vas sintiendo, apuntar cuando haya una recaída (te pegues un atracón, o comas más de la cuenta), y apunta el desencadenante qué lo originó (me peleé con mi pareja, estaba aburrida, tuve un día malo…) y el aprendizaje que sacas. Y por supuesto, nada de sentirte culpable, tómalo como parte de tu camino de aprendizaje, tómalo como un reto.

 

Analiza que tienen en común esos desencadenantes, en qué situaciones te pasa, con qué persona/s, en qué ocasiones o momento/s del día/semana…¿te ocurre de forma recurrente? es decir, ¿es tu manera de reaccionar ante esas situaciones?

 

Cuanto más consciente seas, más fácil te será identificar cuando llegue el impulso que te hace comer para poder dar la respuesta adecuada.

 

2.Respirar Conscientemente. Párate, al menos 5-10 minutos, cronométralo con un reloj. Dite: voy a esperar 5-10 minutos y luego decido si como o no. Y durante ese tiempo solo respira. Lo importante es que No comas. En esos 10 minutos, conecta con la respiración. Siéntate y toma varias respiraciones profundas, inspira, retén el aire y expira….

 

3. Poner nombre e identificar eso que está sintiendo, para poder disociarte.

 

¿Es tristeza, enfado, estrés, soledad, aburrimiento…? No luches, ni te resistas a lo que estés sintiendo. Simplemente acepta lo que está ocurriendo en ese momento.

 

4. Observar también, qué tipo de pensamientos estás teniendo, qué te dices. ¿Hay alguna parte de tu cuerpo dónde sientas más?

 

El aprender a gestionar las emociones, es un todo un proceso, un camino que requiere tiempo y paciencia. Las recaídas son parte del aprendizaje, son parte del camino. Aprende de cada recaída.

 

5.Visualizar. Otro truco que te puede ayudar cuando llegues ese impulso por comer, es visualizarte comiendo todo eso qué quieres comer en ese momento.

 

Visualízate antes y también después de haberlo comido, ya que es una manera de anticiparte para que puedas tomar una decisión.  ¿Eso que ves, es realmente lo que quieres? ¿si lo comes te hará sentir bien?  ¿o solo te calmará a corto plazo?¿Qué ganas y que pierdes si te lo comes? ¿Y si no lo comes? ¿Te hará sentirte bien o te hará sentirte culpable al rato de haberlo comido?

 

La solución saludable y productiva, pasa por mirar dentro de ti. Hay que hacer ese trabajo interior. Compromiso – auto-responsabilidad y auto-conciencia, para tomar la decisión más adecuada y saludable.

 

Resumiendo:

Hay días que tendrás recaídas y no vas a lograr parar ese impulso por comer. Cuenta con ello (un bebé se cae más de 4000 veces antes de empezar a andar) y vuelve cuanto antes, a tu proceso de aprendizaje, a tus hábitos saludables.

 

Las recaídas forman parte del proceso, te sirven para aprender. No es fácil ese cambio de hábitos que lo llevas aprendido desde que eras un bebé. Por eso, es importante la toma de conciencia y el trabajo interior.

 

Este proceso es un viaje de autoconocimiento, es una oportunidad de conocerte mejor. Detrás del hambre emocional hay emociones enquistadas que requieren ser escuchadas y atendidas.

 

Si la sigues tapando con comida (o con tabaco, o con cualquier otro parche insano) no las estás escuchando ni atendiendo, por lo que se repetirán una y otra vez. Escúchalas, atiéndelas y busca una estrategia productiva (al cuerpo emocional hay que darle nutrición emocional).

 

¿Te imaginas los beneficios de empezar a aceptar, gestionar y comprender tus emociones? impactarán positivamente en tu salud (mental, física y emocional) y te llevará a una toma de consciencia y auto-conocimiento que te llevará a tener más control, más calidad de vida, mejor autoestima, conseguirás un peso saludable y sobre todo sacarás tú mejor versión.

 

Te invito a que pongas en práctica todo lo comentado en este post y me comentes tus avances y resultados. ¿Te animas?

 

Y como se, que es un tema que te preocupa y que parte de los kilos de más y de los malos hábitos vienen, en parte, por todo lo hablado, te agradecería que compartas este post, para que podamos ayudar a otras muchas personas.

 

Un abrazote cargado de energía

May

******************

 

PD. Te comento, que estoy preparando para empezar en unas semanas, un nuevo Proceso de Coaching Nutri-Emocional Grupal.

Y para ello, estoy escogiendo a un pequeño grupo de personas (6-8) con muchas ganas de cambiar, no solo sus cuerpos, sino la relación insana con la comida, con ellas mismas…y en definitiva, con sus vidas.

Personas, comprometidas, para empezar a tope todo un viaje de transformación personal que se verá reflejado en el cuerpo.

Tus resultados son la suma de tus decisiones diarias. Y hoy puede ser un gran día para empezar ese viaje (sola o acompañada), hacia una vida saludable sin fecha de fin.

Te dejo información en el enlace, por si te atreves a empezar un estilo de vida saludable y ese viaje de transformación personal -sin fecha de fin-.

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